Hoy toca otro día de navegación por mar abierto para cubrir los aproximadamente 1.000 kilómetros que nos separan de nuestro siguiente destino en Tromso.
Podemos, ¿por qué no?, sentirnos Marlon Brando y Sophia Loren en su travesía bajo la dirección de Charles Chaplin en "La condesa de Hong Kong" o también Henry Fonda y Bárbara Stanwyck en ese transatlántico de "Las tres noches de Eva" a las órdenes de Preston Sturges.
Desde el punto de vista paisajístico, pues ya se sabe: la inmensidad del océano.
Desde el punto de vista anecdótico, el simbolismo de cruzar esa imaginaria línea que es el Círculo Polar Ártico, hecho que se produce a eso de las dos de la tarde y que en el barco se celebra con una especie de fiesta que incluye diversos ritos que evocan a los antepasados vikingos.
Ahora se me viene a la cabeza la película que dirigió Julio Medem en 1998 "Los amantes del Círculo Polar", con Fele Martínez y Najwa Nimri, aunque aquí no estamos en Finlandia y esperamos que no haya tragedia.
Como curiosidad, señalar que llegados a este punto el sol ya no se pondrá, no desaparecerá tras el horizonte, no habrá anochecer ni, por lo tanto, noche.
Y como este no es el "Britannic" de "El enigma se llama Juggernaut", que dirigió hace 40 años Richard Lester, con su tocayo Harris y Omar Sharif, pues disfrutamos de un día tranquilo. El acostumbrado paseo matutino por la cubierta superior, eso sí, bien abrigados porque ya se va notando cómo baja la temperatura; un rato de lectura en la biblioteca, nuestra cervecita antes de comer, la consabida siesta después...
Dedicamos parte de la tarde a preparar nuestra actividad para mañana en Tromso con unos nuevos conocidos de Cataluña y Valencia con los que hemos hecho migas. Otros empedernidos viajeros y cruceristas que se conocen medio mundo, y que como tampoco saben inglés les viene bien la ayuda de Mariví.
El valenciano en concreto viaja solo porque su mujer renunció en el último minuto debido a la huelga de los ferroviarios franceses que les impidió desplazarse hasta Amsterdam porque a ella le da pánico el avión. El es un jubilado de RENFE que se conoce toda Europa a golpe de tren, que le sale gratis o casi: desde París a Moscú, desde Berlín a Estambul o desde Roma a Minsk, por poner sólo unos ejemplos.
Y hoy el espectáculo grandioso estaba reservado para después de la cena. Las fotos que siguen, aunque quizá no se perciba del todo como en vivo, son nuestro primer aperitivo del sol de medianoche.
Están tomadas a eso de las doce menos cuarto de la "noche".




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