domingo, 29 de junio de 2014

FIN DEL PERIPLO

Sábado 28 de junio de 2014

Esto se acaba. Solo nos resta el último coletazo del viaje: a saber, desayuno, minibús del hotel al aeropuero Schiphol y vuelo a Madrid.
Han sido quince días que no olvidaremos. Desde que embarcamos hemos ido de sorpresa en sorpresa: desde la simple navegación por el Mar del Norte a la culminación en el Cabo Norte (aunque estuviera nublado) pasando por los sorprendentes fiordos, cruzando el Círculo Polar Ártico, y la bonita ciudad de Bergen. En fin una delicia de viaje.
Bueno, a última hora, tras más de dos horas de plácido vuelo, debió ponerse a los mandos Leslie Nielsen y aquello pareció una especie de "Aterriza como puedas", la película que dirigieron en 1980 Jim Abrahams, Jerry Zucker y David Zucker. El caso es que Madrid nos recibió con más de 30 grados y un buen vendaval, pero al fin tomamos tierra, dando tumbos, pero llegamos.


Así que esperamos que haya una próxima vez. Hasta entonces.

sábado, 28 de junio de 2014

AMSTERDAM, CIUDAD MONUMENTAL

Viernes 27

Presume Amsterdam de ser una ciudad con más de mil monumentos. No los hemos contado pero es más que probable que resulte ser cierto.
Cuando nos disponemos a salir en este nuestro último día de vacaciones está lloviendo. Pero tenemos suerte y, al echarnos a la calle, escampa.



 Descartamos, pues, el tranvía que habíamos previsto, y nos dirigimos a pie hacia la zona de los dos museos que hemos escogido en la capital holandesa: el Rijksmuseum y el de Van Gogh, seguramente los más importantes. 
No están demasiado lejos de nuestro hotel, así que, tras pasar por el mercado de las flores, donde se venden semillas, entre otras muchas, de las más de 700 variedades de tulipanes que existen, llegamos pronto.


Este es el Rijksmuseum por fuera. Y por dentro es fabuloso. Pinturas de Rembrandt, su obra maestra "Ronda de noche"; Vermeer, "La lechera"; Frans Hals, "El alegre bebedor; y varios más. Encaja aquí la película "La joven de la perla", basada precisamente en el cuadro de Vermeer, protagonizada en 2003 por Scarlett Johansson y Colin Firth bajo la dirección de Peter Webber. También es casi obligado mencionar la interpretación de "Rembrandt" que hizo Charles Laughton en 1936 dirigido por Alexander Korda.
 Pero hay también esculturas, multitud de piezas de cerámica, vajillas, vestidos de época, armas antiguas (pistolas, cañones, espadas), barcos y un largo etcétera que hacen de este museo uno de los mejores que hemos conocido.



Es hora de comer algo. Nos conformamos con una hamburguesa junto a este letrero gigante que viene a significar "Yo soy Amsterdam"



y seguimos al Museo Van Gogh. Nos libramos de la larga cola gracias a una tarjeta que nos proporcionaron ayer en el hotel y que facilita el acceso. Tenemos aquí disparidad de criterios, pues a Mariví no acaba de covencerle el pintor que solo vendió un cuadro en sus 37 años de vida, mientras a mí no me desagrada, aunque no es mi favorito entre los impresionistas.
El museo merece la pena. Básicamente dedicado a Van Gogh, claro, también pueden contemplarse obras de otros pintores, como Monet.
Son las cinco cuando concluimos esta visita y decidimos retirarnos un rato al hotel para descansar. 
Ya habíamos decidido no visitar la casa de Ana Frank, como se sabe aquella chica que en plena guerra mundial se refugió con su familia en una buhardilla huyendo del terror nazi. Quién no ha visto "El diario de Ana Frank", que dirigió George Stevens en 1959, o alguna de las diversas versiones.
Como nos hemos alejado algo, decidimos esta vez tomar el tranvía, que nos acerca enseguida.


Tras un buen rato de relax, volvemos a la calle hasta recalar de nuevo en nuestro "Tapas Bar Català", donde degustamos otros sabores típicos de nuestra gastronomía: unas patatas bravas, choricitos fritos y un pincho de tortilla.
A eso de las once de la "casi noche" culminaremos con una visita nocturna al Barrio Rojo. Ahora sí que está en su salsa, abarrotado de gente por la calle, en los bares y garitos de todo tipo. Hay un ambiente de marcha total. Por supuesto, las chicas ya están en los numerosos escaparates ligeras de ropa, claro, pero quizá no sea ese ni el principal ni, por supuesto, el único atractivo de la zona.



Ya es medianoche cuando retornamos al hotel. Han sido dos días estupendos en Amsterdam, pero todo lo bueno se acaba. Mañana solo queda desplazarnos al aeropuerto para tomar el avión que nos devolverá a Madrid.
Pero, bueno, ya nos despediremos.

viernes, 27 de junio de 2014

MI AMSTERDAM DE "LA SÉPTIMA"

Jueves 26

Desembarcamos temprano en Amsterdam, según lo previsto. Adiós, por tanto a nuestro "Celebrity Constellation", que nos ha llevado y traído Mar del Norte arriba y abajo, y hola a la ciudad considerada la Venecia del norte que a mí, además, me trae los gratísimos recuerdos de "La Séptima" Copa de Europa conseguida aquí por el Real Madrid en 1998.
Amsterdam es también el lugar más importante del mundo para el comercio de diamantes. Así que recordaremos la película de 1971 que dirigió Guy Hamilton con Sean Connery como James Bond "Diamantes para la eternidad".
Sin más preámbulos, nos trasladamos al hotel, registro, suelta de maletas, y a la calle a patearnos la ciudad. Hace buen día, con nubes y claros, buena temperatura, que animan a pasear.
Estamos cerca de la plaza del Dam, la principal de Amsterdam, con mucha menos gente que aquella soleada mañana de mayo de 1998 cuando miles de madridistas la utilizamos como punto de encuentro y reunión durante el día del partido. Por la misma avenida que entonces recorrimos para llegar a la Estación Central caminamos ahora. 



Entonces tomamos el metro para dirigirnos al Amsterdam Arena y ganarle a la Juventus de Del Piero y Zidane aquella final con el gol de Mijatovic. Era "La Séptima" 32 años después. Ahora vamos al embarcadero para tomar el "barquito" que recorre los canales en hora y media.



Un plácido viaje que permite hacerse una idea de lo que es esta ciudad de peculiares casas y edificios emblemáticos como este: el Amstel Hotel. Sus canales fueron protagonistas en la película "Amsterdamned", una de misterio escrita y dirigida a finales de los años 80 por Dick Maas.



Amstel, el río que atraviesa Amsterdam ya se ve que le da nombre a casi todo, hasta a la cerveza. En sus canales atracan multitud de barcazas reconvertidas en casas para vivir, restaurantes, oficinas, etc., algunas tan decoradas como esta.



Finalizado nuestro tour acuático, nos pateamos las calles otro rato antes de comer. Encontramos un sitio español de pintxos donde, nada más entrar, nos topamos con tres tipos de tortilla española: con chorizo, con queso y champiñones y con espárragos y lechuga.



No lo dudamos ni un segundo: un bueno trozo de cada una, y pan con tomate y jamón. El crucero ha sido maravilloso, pero con las cosas de comer no se juega. Ya añorábamos los sabores de nuestra cocina.
No perdonamos la siesta porque hemos madrugado. Un ratito y nos echamos a la calle otra vez. Estamos en una ciudad muy de andar y pasear, y muy de bicicletas. Ya se sabe el dicho "Yo estuve en Amsterdam y sobreviví a las bicicletas".




Pues eso, al Barrio Rojo, pero por la tarde, cuando las chicas todavía no están en los escaparates, pero el ambiente que se percibe es claramente sexual: sex shops, sex shows, teatros y garitos con diversos "espectáculos" sobre el particular, amén de los consabidos coffee shops donde se expende un cierto tipo de hierba que aquí llaman mágica y que es legal, aunque por nuestra parte está contraindicada.



Y ya un último tirón hasta que encontramos, esta vez sin buscarlo, camino del hotel un sitio llamado "Tapas català", con la senyera en el toldo y la bandera española en un balcón. Nos pedimos un pan con tomate y un jamón ibérico que se nos saltaron las lágrimas, y yo una ración de sardinitas a la parrilla con ajito y perejil como hacía años que no comía. (Todo esto mientras a Portugal también la mandaban para casa. ¡Vaya fracaso europeo en este Mundial!)
Después, otro paseíto hasta nuestro hotel, durante el cual pudimos contemplar esta especie de atardecer/anochecer que tampoco está nada mal. Aquí también son las once y no ha anochecido del todo.
Escenario ideal, pues, para que esa banda de los once capitaneada por George Clooney trame algún asalto. En Amsterdam ya eran doce en "Ocean's twelve" cuando Steven Soderbergh dirigió en 2004 también a Brad Pitt, Julia Roberts, Catherine Zeta-Jones y Andy García entre otros.



Ahora toca irse a la cama, pues, que mañana será día de museos.

jueves, 26 de junio de 2014

ÚLTIMO DÍA A BORDO

Miércoles 25

Cuando nos levantamos ya estamos en alta mar, navegando hacia el sur entre plataformas petrolíferas y no pocos barcos que vamos divisando en uno y otro sentido.



Son como quince horas desde que pasamos bajo este puente al salir de Bergen y nos despedimos de Noruega. Aún nos queda casi un día entero de navegación por el Mar del Norte hasta que lleguemos a Amsterdam a primerísima hora de la mañana.
Así que el ya consabido día tranquilo de navegación, todo lo contrario que aquella "Rebelión a bordo" de Marlon Brando en 1962 dirigido por Lewis Milestone, esta vez con un tiempo excelente que nos permite alargar las estancias en cubierta.



En uno de nuestros paseos hacemos el descubrimiento de unas curiosas "obras de arte". Se trata de unas figuras de animales diversos realizadas con toallas por la tripulación y colocadas en torno a la piscina cubierta.


En esta foto me acompañan unos pingüinos.



Y en esta otra distinguimos junto a Mariví unos cisnes y más allá un cocodrilo. Pero es que hay elefantes, cobras, pájaros y un sin fin de animales hechos con toallas francamente curiosos.
Bueno, esto ya toca a su fin. Y, claro, no podíamos ir terminando un crucero sin mencionar la superoscarizada película de 1997 "Titanic", dirigida por James Cameron y soberbiamente interpretada por Leonardo di Caprio y Kate Winslet. 
A la hora de comer, nos cruzamos con otro crucero, que se intuye en lontananza y que se supone que va en pos de lo que buscábamos nosotros hace doce días.



Nosotros lo encontramos. En la hora del balance, hemos de decir que ha sido un viaje increíblemente maravilloso. Ha cubierto todas nuestras expectativas, con la única nube (y nunca mejor dicho) de no haber podido contemplar el sol de medianoche en su momento álgido, es decir, los momentos en que el sol no se pone como estamos acostumbrados, sino que discurre sobre la línea del horizonte sin llegar a desaparecer, por lo que nunca se hace de noche durante ese periodo; en fin, nos tuvimos que conformar con esta especie de aperitivo, que tampoco estuvo mal.



Termina, pues, nuestro crucero, pero aún no nuestro viaje. Afortunadamente, no hemos tenido que pasar por la experiencia de "La aventura del Poseidón" que dirigió Ronald Neame en 1972 con Gene Hackman y Ernest Borgnine. Ha sido una plácida navegación para lo que podría esperarse del Mar del Norte. 
Mañana temprano llegamos a Amsterdam, donde nos quedaremos un par de días antes de volver a casa. En el puerto esperamos no encontrarnos estibadores como Marlon Brando en "La ley del silencio" que dirigió Elia Kazan en 1954 (un abrazo, José Luis).
Ya os contaremos.

miércoles, 25 de junio de 2014

BERGEN, LA PERLA DEL NORTE

Martes 24

Bergen, la segunda ciudad de Noruega tras la capital, Oslo, nos recibe con un sol espléndido. ¡Por fin! Llevábamos bajo las nubes desde que empezamos a subir hacia el norte y ya teníamos ganas de ver un día despejado.


Así que nos ataviamos de manga corta por primera vez en este viaje y subimos a cubierta mientras atraca el barco a recargarnos con energía solar y contemplar el panorama que se nos ofrece.
Desembarcamos con la sana intención de disfrutar del día en una ciudad con fama de ser la perla del norte. Nos llevan en autobús al centro e iniciamos nuestro recorrido desde una bonita plaza, con lago y surtidor incluidos, donde nos fotografiamos con nuestros compañeros de viaje de Valencia y Cataluña.


Desde ahí vamos por unas y otras calles en dirección al punto más atractivo de Bergen, que es el puerto antiguo, con sus típicas casas reconvertidas hoy en tiendas, y una vitalidad febril que proporcionamos los cruceristas que hemos coincidido aquí en cinco barcos a la vez.



No nos resistimos a tomar el típico trenecito turístico que nos lleva por toda la ciudad, incluido el ascenso a una de las siete colinas que la rodean, desde donde apreciamos una magnífica vista. 



Después continuamos nuestro paseo hasta que llega la hora de nuestra cervecita. Las terrazas a mano están a pleno sol, que hoy pega de lo lindo, así que optamos por un pub irlandés a la sombra para dar buena cuenta de unas pintas de cerveza por las que nos "soplan" 22 euros (creo que aún no habíamos mencionado que Noruega, que no pertenece a la Unión Europea, es un país carísimo, donde aplican un 25% de IVA). Para ese momento, nuestros compañeros ya nos habían "abandonado".


Después del descanso, retomamos nuestro recorrido por las calles de esta bonita ciudad, que se ha correspondido con nuestras expectativas. Unas compras de recuerdos por aquí y por allá consumen el resto de nuestro tiempo en Bergen. Hemos de regresar ya al barco.
Son las cinco de la tarde cuando zarpamos con el navío pilotado por el práctico del puerto, al que unas dos horas después, poco antes de volver a mar abierto, vienen a buscar con este "barquito" al que vemos acercarse desde nuestro camarote. El piloto en cuestión se las apañará para saltar desde nuestro gigante y volver a puerto.


Toca ya emprender nuestro último tramo: unas 36 horas de navegación hasta que pasado mañana a primera hora arribemos a Amsterdam.


¿Veis cuál es la ventaja de no tener pelo?

lunes, 23 de junio de 2014

NORUEGA EN EL SIGLO XVII

Lunes 23

Amanece (es un decir) en Molde, nuestro penúltimo puerto de atraque en Noruega.
Cuando llego a la cubierta superior ya se ha detenido el barco y la panorámica no puede ser más espectacular.



Pasaremos la mañana recorriendo la ciudad. Desde el puerto a la fría catedral, pasando por la plaza del Ayuntamiento en cuya azotea vemos un jardín de flores, sobre todo rosas. Para eso llaman a Molde la ciudad de las rosas, pues aquí se cultivan bien gracias a un microclima promovido (flipo) por la corriente del Golfo de México.



Hoy parece que veremos algo de sol entre las nubes que no nos abandonan. Nos animamos, pues, a iniciar una nada suave ascensión por la ladera de la montaña sobre la que se extiende Molde. Llegamos así a una especie de templete-mirador desde el que gozamos de una bonita vista que incluye nuestro barco entre los árboles.



Un suave descenso para acceder a un denominado museo al aire libre consistente en una serie de casas, algunas del siglo XVII, donde podemos apreciar cómo vivían los noruegos hace unos 300 años.



Nos movemos en un ambiente tranquilizadoramente bucólico, rodeados de lagunas, nenúfares, patos, gaviotas, todo verde...
Volvemos al barco. Antes de comer una foto desde la cubierta con una panorámica del fiordo



A media tarde zarpamos rumbo al sur con destino a Bergen, nuestro último destino en Noruega y uno de los puntos culminantes, esperamos, de nuestro viaje.
Esta noche no ha habido "sorpresa" solar. Navegamos bajo las nubes. Pero aún así, todavía no se hace de noche. Y, desde luego, no ha sido este el crucero en el que se embarcan Jack Lemmon y Walter Matthau en "Out to sea" en España se llamó (!!!) "Por rumbas y a lo loco", dirigida en 1997 por Martha Coolidge.

NAVEGAMOS HACIA EL SUR

Domingo 22

Cuando nos despertamos navegamos rumbo al sur en nuestro camino de regreso. Es nuestro tercer día de tirón por alta mar hasta alcanzar el que será nuestro penúltimo punto de destino en Noruega: la ciudad de Molde, en cuya zona volveremos a disfrutar de otros fiordos.



Después de desayunar compruebo en la cubierta superior que hace buena mañana. Está nublado, ¡faltaría más!, pero no hace viento ni frío, puedo estar bien en mangas de camisa.
Por lo demás, ya sabemos lo que toca: día tranquilo. Un rato de lectura en la biblioteca, esta vez un vino (tinto chileno muy rico) en el que ya es nuestro bar preferido, el Café al Bacio



Luego comida, siesta (durante la que hemos cruzado de nuevo el Círculo Polar Ártico, esta vez en dirección sur), paseo por cubierta, un vistazo al Mundial de fútbol (obsérvese que de España ni he querido hablar porque no me voy a amargar estas maravillosas vacaciones), quizá otra cervecita, la cena, un rato de conversación con este grupo que vamos conformando entre madrileños, catalanes y valencianos y a la cama.



Me siento el amo de este gigante que surca mares procelosos sin inmutarse. Como sí fuera Rock Hudson regresando de "Estación Polar Zebra", la película que dirigió John Sturges en 1968.
Antes de irnos a la cama, apuramos una última infusión junto a la cubierta 10, muy arriba, y en el último minuto, mientras yo "discuto" con el catalán la teoría de la conspiración, la climatología nos da una sorpresa, se abren las nubes y podemos fotografiar esto



El sol de medianoche, aunque no en su momento álgido que hubiéramos observado en el Cabo Norte viéndolo seguir la línea del horizonte, pero menos da una piedra.
Recordaremos ahora cuando en la introducción, antes de iniciar nuestro viaje, traíamos a colación la película de Gregory Peck "Duelo al sol". Más bien ha resultado ser un duelo CON el sol.


Finalmente, vemos a Mariví, iluminada por el sol, a las 12 de la "noche", en pleno Mar del Norte, a casi 4.000 kilómetros de casa.
No hay más palabras. Hasta mañana

EN CABO NORTE SIN SOL

Sábado 21

Son las siete de la mañana cuando atracamos en el puerto de Honnigsvag y algo más de las ocho cuando cogemos el autobús que nos transportará hasta Cabo Norte. El cielo está absolutamente encapotado, hace frío y llueve. Se me ocurren unas cuantas palabrotas que no transcribiré.
Hacemos el recorrido entre parajes bastante desolados. Mucha turba, musgo, pero ni un árbol, nada de vegetación que levante ni un palmo. Eso sí, arroyos por doquier, agua por todas partes y bastantes restos de nieve.




A mitad de camino hacemos un alto y nos fotografiamos con este hombre, un lapón del pueblo sami con su reno blanco.
Mientras seguimos subiendo aumentan las nieves perpetuas y la nubosidad. De manera que cuando llegamos al Cabo Norte lo que hay es una niebla de estilo londinense que impide ver nada a unos cuantos metros. Ahora vendría al pelo poder coger el "Polar Express", aquel tren mágico de dibujos animados que conducía Tom Hanks en 2004 bajo la dirección de Robert Zemeckis, y seguir aún más al norte.
Casi por dar tiempo a ver si levanta, nos metemos en el cine, donde proyectan un fenomenal documental sobre la inhóspita vida en la zona.
Pero no, no levanta. El inmenso panorama a nuestro alcance solo se intuye. Imposible fotografiar el punto en el que confluyen el Océano Atlántico y el Océano Glaciar Ártico. Del sol ya ni hablamos ni del de media mañana siquiera.



Esta es la única foto posible en este confín situado a unos 4.500 kilómetros de casa.
No sin cierta decepción (al fin y al cabo, en esta tierra la climatología ya sabíamos que era así), nos volvemos al autobús después de comprar algunos recuerdos.
En Honnigsvag visitamos un pequeño museo, algo caro para lo que nos muestran.



Después damos un paseo por el puerto y parte de esta bonita población antes de regresar al barco, esta vez sí a tiempo para comer.
Cuando despertamos de la siesta acabamos de zarpar y esta es la visión desde nuestro camarote



Subo a cubierta a tiempo para fotografiar el paso por el Cabo Norte "visto" desde el mar (es un decir, porque ya se ve la niebla cómo cubre el promontorio e impide verlo en su totalidad).



Pasamos el resto de la tarde en el llamado "Café al Bacio", donde se me ocurre esta foto a través del espejo, 



antes de ir a cenar, uno de los momentos nada despreciables del día porque coincidimos con nuestros expertos cruceristas que todas las "noches" nos ilustran con algunas de sus innumerables experiencias. Cenar cenamos bien y pasarlo, lo pasamos bien porque la pareja catalana de ascendencia palentina es un pozo de sabiduría popular.
Ya vamos camino al sur.

DÍA DE TRANSICIÓN EN TROMSO

Viernes 20

Llegamos al que será nuestro penúltimo destino en el camino hacia el norte del mundo: Tromso. De nuevo apetece tocar tierra después de tanta navegación por alta mar.



Bajamos a tierra por nuestra cuenta y tomamos un autobús que nos conduce al centro de esta ciudad agradable pero algo fría (estamos a unos 5 grados). Sólo el nombre de su catedral, la Catedral del Ártico, ya da fresco, que no mucha impresión porque se trata de una edificación triangular, blanca (claro), que data de 1965. Personalmente, las catedrales más jóvenes que yo no me atraen; sólo las que tienen como 500 años más. Así que nos limitamos a verla desde lejos, porque está en la otra orilla de la isla en que nos encontramos.


Después de un pequeño despiste inicial porque el autobús nos metió por un túnel con el que no contábamos, damos un paseo por la ciudad. Calles tranquilas, una típica iglesia noruega de madera y un museo polar que recoge las expediciones a los polos de los Amundsen, Scott, Shackelton, etc.; interesante lugar donde podemos ver desde cómo era un refugio polar hasta el esqueleto de una enorme morsa, pasando por osos polares, huskies tirando de trineos (disecados, claro), etc.



Terminamos en una animada calle comercial, en la que echamos un vistazo pero no compramos nada.
Y como el día tampoco está para mucho más nos volvemos al barco. Como llegamos tarde a comer, nos conformamos con una hamburguesa que nos hacen junto a la piscina, pero nos la comemos dentro.
En un momento dado, por uno de los incontables pasillos de este barco, me siento como el último vikingo.




Zarpamos rumbo a Honnigsvag, la ciudad más septentrional de Europa, desde donde alcanzaremos el Cabo Norte.
Llevamos dos días sin ver el sol, con el cielo totalmente cubierto. Así que nuestras esperanzas de contemplar el sol de medianoche en pleno solsticio de verano son escasas. Mañana veremos.

viernes, 20 de junio de 2014

NAVEGANDO POR EL CÍRCULO POLAR ÁRTICO

Jueves 19

Hoy toca otro día de navegación por mar abierto para cubrir los aproximadamente 1.000 kilómetros que nos separan de nuestro siguiente destino en Tromso.
Podemos, ¿por qué no?, sentirnos Marlon Brando y Sophia Loren en su travesía bajo la dirección de Charles Chaplin en "La condesa de Hong Kong" o también Henry Fonda y Bárbara Stanwyck en ese transatlántico de "Las tres noches de Eva" a las órdenes de Preston Sturges.
Desde el punto de vista paisajístico, pues ya se sabe: la inmensidad del océano.
Desde el punto de vista anecdótico, el simbolismo de cruzar esa imaginaria línea que es el Círculo Polar Ártico, hecho que se produce a eso de las dos de la tarde y que en el barco se celebra con una especie de fiesta que incluye diversos ritos que evocan a los antepasados vikingos.
Ahora se me viene a la cabeza la película que dirigió Julio Medem en 1998 "Los amantes del Círculo Polar", con Fele Martínez y Najwa Nimri, aunque aquí no estamos en Finlandia y esperamos que no haya tragedia.
Como curiosidad, señalar que llegados a este punto el sol ya no se pondrá, no desaparecerá tras el horizonte, no habrá anochecer ni, por lo tanto, noche.


Y como este no es el "Britannic" de "El enigma se llama Juggernaut", que dirigió hace 40 años Richard Lester, con su tocayo Harris y Omar Sharif, pues disfrutamos de un día tranquilo. El acostumbrado paseo matutino por la cubierta superior, eso sí, bien abrigados porque ya se va notando cómo baja la temperatura; un rato de lectura en la biblioteca, nuestra cervecita antes de comer, la consabida siesta después...


Dedicamos parte de la tarde a preparar nuestra actividad para mañana en Tromso con unos nuevos conocidos de Cataluña y Valencia con los que hemos hecho migas. Otros empedernidos viajeros y cruceristas que se conocen medio mundo, y que como tampoco saben inglés les viene bien la ayuda de Mariví.
El valenciano en concreto viaja solo porque su mujer renunció en el último minuto debido a la huelga de los ferroviarios franceses que les impidió desplazarse hasta Amsterdam porque a ella le da pánico el avión. El es un jubilado de RENFE que se conoce toda Europa a golpe de tren, que le sale gratis o casi: desde París a Moscú, desde Berlín a Estambul o desde Roma a Minsk, por poner sólo unos ejemplos.
Y hoy el espectáculo grandioso estaba reservado para después de la cena. Las fotos que siguen, aunque quizá no se perciba del todo como en vivo, son nuestro primer aperitivo del sol de medianoche.





Están tomadas a eso de las doce menos cuarto de la "noche".