Domingo 22
Después de desayunar compruebo en la cubierta superior que hace buena mañana. Está nublado, ¡faltaría más!, pero no hace viento ni frío, puedo estar bien en mangas de camisa.
Por lo demás, ya sabemos lo que toca: día tranquilo. Un rato de lectura en la biblioteca, esta vez un vino (tinto chileno muy rico) en el que ya es nuestro bar preferido, el Café al Bacio
Luego comida, siesta (durante la que hemos cruzado de nuevo el Círculo Polar Ártico, esta vez en dirección sur), paseo por cubierta, un vistazo al Mundial de fútbol (obsérvese que de España ni he querido hablar porque no me voy a amargar estas maravillosas vacaciones), quizá otra cervecita, la cena, un rato de conversación con este grupo que vamos conformando entre madrileños, catalanes y valencianos y a la cama.
Me siento el amo de este gigante que surca mares procelosos sin inmutarse. Como sí fuera Rock Hudson regresando de "Estación Polar Zebra", la película que dirigió John Sturges en 1968.
Antes de irnos a la cama, apuramos una última infusión junto a la cubierta 10, muy arriba, y en el último minuto, mientras yo "discuto" con el catalán la teoría de la conspiración, la climatología nos da una sorpresa, se abren las nubes y podemos fotografiar esto
El sol de medianoche, aunque no en su momento álgido que hubiéramos observado en el Cabo Norte viéndolo seguir la línea del horizonte, pero menos da una piedra.
Recordaremos ahora cuando en la introducción, antes de iniciar nuestro viaje, traíamos a colación la película de Gregory Peck "Duelo al sol". Más bien ha resultado ser un duelo CON el sol.





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