Viernes 27
Cuando nos disponemos a salir en este nuestro último día de vacaciones está lloviendo. Pero tenemos suerte y, al echarnos a la calle, escampa.
Descartamos, pues, el tranvía que habíamos previsto, y nos dirigimos a pie hacia la zona de los dos museos que hemos escogido en la capital holandesa: el Rijksmuseum y el de Van Gogh, seguramente los más importantes.
No están demasiado lejos de nuestro hotel, así que, tras pasar por el mercado de las flores, donde se venden semillas, entre otras muchas, de las más de 700 variedades de tulipanes que existen, llegamos pronto.
Este es el Rijksmuseum por fuera. Y por dentro es fabuloso. Pinturas de Rembrandt, su obra maestra "Ronda de noche"; Vermeer, "La lechera"; Frans Hals, "El alegre bebedor; y varios más. Encaja aquí la película "La joven de la perla", basada precisamente en el cuadro de Vermeer, protagonizada en 2003 por Scarlett Johansson y Colin Firth bajo la dirección de Peter Webber. También es casi obligado mencionar la interpretación de "Rembrandt" que hizo Charles Laughton en 1936 dirigido por Alexander Korda.
Pero hay también esculturas, multitud de piezas de cerámica, vajillas, vestidos de época, armas antiguas (pistolas, cañones, espadas), barcos y un largo etcétera que hacen de este museo uno de los mejores que hemos conocido.
Es hora de comer algo. Nos conformamos con una hamburguesa junto a este letrero gigante que viene a significar "Yo soy Amsterdam"
y seguimos al Museo Van Gogh. Nos libramos de la larga cola gracias a una tarjeta que nos proporcionaron ayer en el hotel y que facilita el acceso. Tenemos aquí disparidad de criterios, pues a Mariví no acaba de covencerle el pintor que solo vendió un cuadro en sus 37 años de vida, mientras a mí no me desagrada, aunque no es mi favorito entre los impresionistas.
El museo merece la pena. Básicamente dedicado a Van Gogh, claro, también pueden contemplarse obras de otros pintores, como Monet.
Son las cinco cuando concluimos esta visita y decidimos retirarnos un rato al hotel para descansar.
Ya habíamos decidido no visitar la casa de Ana Frank, como se sabe aquella chica que en plena guerra mundial se refugió con su familia en una buhardilla huyendo del terror nazi. Quién no ha visto "El diario de Ana Frank", que dirigió George Stevens en 1959, o alguna de las diversas versiones.
Como nos hemos alejado algo, decidimos esta vez tomar el tranvía, que nos acerca enseguida.
Tras un buen rato de relax, volvemos a la calle hasta recalar de nuevo en nuestro "Tapas Bar Català", donde degustamos otros sabores típicos de nuestra gastronomía: unas patatas bravas, choricitos fritos y un pincho de tortilla.
A eso de las once de la "casi noche" culminaremos con una visita nocturna al Barrio Rojo. Ahora sí que está en su salsa, abarrotado de gente por la calle, en los bares y garitos de todo tipo. Hay un ambiente de marcha total. Por supuesto, las chicas ya están en los numerosos escaparates ligeras de ropa, claro, pero quizá no sea ese ni el principal ni, por supuesto, el único atractivo de la zona.
Ya es medianoche cuando retornamos al hotel. Han sido dos días estupendos en Amsterdam, pero todo lo bueno se acaba. Mañana solo queda desplazarnos al aeropuerto para tomar el avión que nos devolverá a Madrid.
Pero, bueno, ya nos despediremos.






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